jueves, 15 de agosto de 2024

 


Reseña del poemario "Tiempo de Vilano" de Simón Rabanal Celada.  

Este libro de poemas cuenta la historia de un encuentro entre dos perfiles de vida: el desgarro del tiempo que se va y la permanente fricción en la memoria de las imágenes que permanecen. Algo así como el vilano que perdura en el diente de león y lo que sin compasión se lleva el viento. La poesía de Sol describe ese perfil, y lo hace en tres ámbitos existenciales y con diferentes modos poéticos. Filamentos que se agarran al tallo y otros que quieren prender en terreno propicio. El aire que lo lleva es la poesía.   

Un primer grupo de poemas, la parte más extensa, se abre con una especie de indicación de la identidad de todo el poemario en la persona del poeta y se cierra con el poema que da significado al título y traza el hilo conductor para ir poco a poco moviéndose por los poemas. Combina el poema corto de incitación al lector y poemas largos, donde medita sobre temas de la niñez o sobre recuerdos dolorosos en relación con la vida de sus padres, como la Guerra Civil.

Destacan los siguientes temas. La infancia y el apego a todos esos objetos que viven en ella interiorizados: pozo, árbol, sendero, cielo, nube… A través de ellos hace memoria de lo sido. La lluvia, quizás el símbolo más repetido, se convierte en señal de dolor o de calma, de esperanza y silencio doloroso. Ese doble uso se aprecia en “La procesión va por dentro…” y “Llueve sobre la lluvia”. El paisaje interior recorre toda esta primera parte bajo el ropaje de metáforas como el patio, la casa. Intenta asomarse a ese mundo interior para servirle de soporte en este nuevo tiempo que está viviendo. El sentido de la memoria histórica y el mundo interior de la memoria; del primer tema están “He buscado los huesos de mis muertos…”; “Si el caminante…”; “¿Qué puedo hacer con esta vuelta al pasado?…”  Y en el otro sentido destacan poemas como “Vengo de un mundo de lana…”; “Veo la niña agazapada…”; “A este rincón del patio…” Otro tema es la vida en la ciudad bajo la metáfora del bosque. Ahí se apresta a intentar cambiar de vida, pero sin perder las raíces. “Un día el bosque me susurró…”; “En la voz cantarina de las limpiadoras de la oficina…” O simplemente aprender a vivir la nueva situación creada por la pandemia, “Me traje conmigo…”

Tres ideas sobre esta primera parte. Por un lado, el título está en la poesía “Como diente de león… “ y hace alusión a esa flor que hemos soplado tantas veces y hemos desprendido vilanos, pero alguno se ha quedado prendido. Los poemas aluden a ese desprendimiento que es el tiempo y la razón de ser del hombre que es su búsqueda de la identidad en lo que se mantiene y no cambia. En segundo lugar, la búsqueda de un lenguaje que prenda o agarre esos filamentos (vitales) y sea el vehículo que los transporte por el aire de la memoria. Es el caso del verso “Prestar atención al lenguaje de todos los seres vivos…” en “Un día el bosque me susurro…”  En tercer lugar, la necesidad de leer poesía en los mismos términos que nos sitúa la poeta: nos pide pensar como ella e indagar como lo hace ella, como es el caso de pensar lo que habita con luz propia en cada uno de nosotros. Insiste en pensar con luz propia.

Un segundo grupo está formado por dos manuales de ausencias. En él los poemas tienen una temática común: el valor de la pérdida, el recuerdo de los ausentes, los que la muerte se ha llevado y un eco especial en la valoración de la falta de luz interior (“Mi familia en el recuerdo…”) y la ausencia de su amor.

 Me gustaría hacer un inciso. Habla en “Hoy necesito caminar entre la niebla…” de que necesita “esponjar/ eso que algunos llaman alma,/ que no es otra cosa/ que pensamiento que por un tiempo me habita/. Conciencia acaso.” Me pregunto qué puede significar “esponjar”. Quizás oxigenar, quizás muestre la necesidad de solidaridad…

Y otra cosa. Yo le digo a los alumnos que un pensamiento no expresado es un pensamiento que no existe porque no se nombra. Y en el poema “Lo que no se nombra/ tiene forma de cántaro por dentro/ o de urna desahuciada en el bosque…” Pues bien, nunca me había imaginado es que lo no nombrado quepa en un cántaro o sea objeto de atención público en una ciudad (bosque). Pero la poeta concluye ese aspecto de la forma más poética:” …lo que no se nombra/ escribe en los renglones del sueño/con la fuerza del agua en dique quebrado/… con lenguaje inconsciente”.

La tercera parte se titula Nubes y es un puñado de textos breves a modo de apuntes donde perfila sus intuiciones artísticas sobre las nubes, sus formas, su tiempo y su relación con el hombre. Me quedo con  “¿Con qué sueñan las nuebes…?”  Algunos creo que los destina a poemas narrativos.

Me han parecido muy sugerentes y tiernos los poemas. Temas fáciles y escritura que lenta y claramente va llevándote donde quiere ella: al recuerdo, al mundo interior, a esa alma que busca un lenguaje con el que darse a conocer.  Hay muchos poemas bellos. Algunos como se dice escritos para uno. Me quedo con el que, creo, escribió para mí. Se titula “Camino inmersa en la niebla… llevo en la mano antorchas de escarcha e hinojo y busco una luz interior, que es mí… y un pájaro escapa”.  Y eso me recuerda que no hay otra vida, pero acaso cuando muramos nos transformemos en vuelo.

Muy interesante.



"Tiempo de Vilano", Sol Gómez Arteaga. Edita Marciano Sonoro, 2023.